Necrospectiva

Sonó la campana a tiro de piedra, su cabeza quería pero el inconsciente tenía otros planes. Se le desdibujó la sonrisa de una boca reflectante y abandonó el lugar. Los ricos nunca escuchan pensó, mientras se alejaba de sus compañeros de fiesta. No es que la ciudad no fuera lo mismo, sino que había acabado por desnudarla. Los transeúntes habían perdido la nariz romana, el silencio noble, y ahora parecían camuflarse con la piedra vieja gracias a su tez ferrosa, quemada por la tierra, de campesino.Todos iban con la cabeza baja, y sus mujeres, forradas de plástico y charol barato, con melenas cardadas y oxigenadas, sombras de ojo color arcoíris y hedor a cigarrillo y carmín.

Los antros, de cortinas rasgadas, seguían luciendo como en la posguerra, barras y espejos de chapa y latón, pantalones de camarero remendados hasta la extenuación.

Jóvenes encorvados, sirviendo de reojo licores rancios eran el futuro de la ciudad.

Las ambiciones y los deseos de los que nunca se habían ido acababan con el amanecer, hacían de la noche un campo de pruebas plagado de pequeñas explosiones que nunca acabarían en revolución.

Llegó el verano, y el río también se conformó con estar sediento. Los pequeños pueblos que en algún momento gozaron de flores y canciones se tornaron de yeso y barro, los niños fueron encerrados en cuevas de rocas polimorfas y los perros debieron ser asesinados. Todo amarillo, flotando el tiempo, sin historia ni acontecimiento.


One response to “Necrospectiva

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s